¿Por qué Dios permite el sufrimiento?
Es, quizás, la pregunta más difícil de la fe: si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué permite el sufrimiento? La Biblia no evita esta pregunta; la enfrenta de frente, sin respuestas fáciles pero con una esperanza firme.
Un mundo que no funciona como debería
La Biblia enseña que el sufrimiento no formaba parte del plan original de Dios. Entró al mundo cuando la humanidad se apartó de él, rompiendo la armonía con la que todo fue creado. Vivimos, por tanto, en un mundo afectado por esa ruptura, donde la enfermedad, el dolor y la pérdida son parte de la realidad, no la voluntad original de Dios para nosotros.
Dios no es indiferente al dolor
Un error común es imaginar a Dios observando el sufrimiento humano desde lejos, sin involucrarse. Pero el centro del Evangelio es exactamente lo contrario: Dios mismo, en Jesús, entró al sufrimiento humano. Jesús lloró ante la muerte de un amigo (Juan 11:35) y cargó un dolor real en la cruz. No es un Dios distante del dolor; es un Dios que lo conoce desde adentro.
«Todas las cosas ayudan a bien»
«Y sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al propósito son llamados.»Romanos 8:28
Este versículo, en ortografía actualizada, no dice que todo lo que sucede sea bueno en sí mismo, sino que Dios puede usar incluso lo más doloroso para un propósito mayor en la vida de quien confía en él. No es una promesa de que entenderemos el porqué de cada sufrimiento, sino de que nada queda fuera del cuidado de Dios.
El ejemplo de José
La historia de José en Génesis es un retrato de esto: traicionado por sus hermanos, esclavizado y encarcelado injustamente, años después pudo decirles: «Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó á bien» (Génesis 50:20, ortografía actualizada). El sufrimiento fue real y profundo, pero no tuvo la última palabra.
Una esperanza que mira más allá
La Biblia no promete una vida sin dolor, pero sí una esperanza final: «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4, ortografía actualizada). El sufrimiento tiene un límite que Dios ya determinó, aunque hoy todavía no lo veamos.
Mientras tanto
Si hoy atraviesas un dolor que no entiendes, la invitación no es a fingir que no duele, sino a llevarlo a Dios con honestidad, como hicieron tantos en los Salmos. Y si el dolor es profundo o prolongado, buscar apoyo profesional junto con el acompañamiento espiritual es una decisión sabia, no una falta de fe.
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